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La Nueva Cosa,
por Rafael Martín

    Los años sesenta con su mezcla de músicas, abierta sexualidad, juegos peligrosos con viejas y nuevas drogas, ecología, lucha por los derechos civiles y querer libertario tuvo su reflejo en el género. Venían con ganas de romper con la tradición y sus asfixiantes reglas; ellos eran los hippies de la Ciencia Ficción.

    Un movimiento literario

   El término New Wave fue acuñado por Christopher Priest en analogía a la Nouvelle Vague del cine francés. Francois Truffaut o Jean Luc Godard, realizaban en los sesenta un arte intimista y natural, frente al acartonado cine de hollywood. La relación era evidente.


   Para algunos críticos, como es el caso de John Clute, no fue un auténtico movimiento literario. Según Clute, la New Wave nace de la necesidad generada por una actitud mental inmersa en la contracultura, careciendo de homogeneidad. Sin embargo presenta las suficientes características comunes para que si pueda ser considerado como tal. En las novelas que citaré en este artículo, se puede encontrar:

  • Una base ideológica dispar pero un mismo trasfondo,   centrado en el rechazo al "establishment" cultural y político.
  • El análisis de la sociedad de los sesenta y setenta con extrapolaciones en futuros muy cercanos.
  • Se destaca el tratamiento de lo incomprensible por vía de la metafísica. La naturaleza humana se disecciona mediante la introspección, lo onírico y el surrealismo.
  • Entre los temas más recurrentes estuvieron la superpoblación y el medio ambiente. Los tabúes del sexo, religión o rol son demolidos o tomados a chufla.
  • Una estética ecléctica, pero similar en cuanto al uso de innovaciones formales poéticas, que supuso un rechazo a la estética anterior que consideraban agotada.
  • Fue la vanguardia del género y en algunos casos de rara avis en el fantástico en cuanto a experimentación literaria.

   Este movimiento del fantástico se puede establecer que surgió de las nuevas tendencias que Michael Moorcock quiso dar, como editor, a la revista inglesa New Worlds allá por 1964.  Frente a las predecibles y escapistas historias de la Ciencia Ficción más tradicional en las que predominaba el componente hard, arriesgó su puesto y la revista con relatos de jóvenes autores. Relatos donde la forma era tan importante como la historia que se contaba. Serializó novelas como Mundo de cristal de J. G. Ballard, Campo de concentración de Thomas M. Disch, A cabeza descalza de Brian Aldiss e Incordie a Jack Barron de Norman Spinrad. El éxito del fandom no le fue esquivo, editó relatos que ganaron los premios Hugo o Nébula, entre otros, el brutal Un chico y su perro de Harlan Ellison (1969) o El tiempo considerado como una hélice de piedras semi-preciosas de Samuel R. Delany (1968) que junto a otros de Sladek o Zelazny fueron la escuadra de la Nueva Cosa.

   La versión americana de esta innovación literaria fue la revista Galaxy, dirigida por Frederik Pohl, que sumó fuerzas al nuevo resurgimiento del género. En pocos años, los antologístas tuvieron la cantidad suficiente de relatos, para llevarles la innovación en marcha a los lectores que prefieren libros a revistas. Como las de Judith Merril y posteriormente las de Robert Silverberg;  pero sin duda, las que tuvieron una mayor influencia en el género fueron las de Harlan Ellison, en cuyo empeño personal puso su tiempo y dinero.

 

    Visiones Peligrosas

    Visones Peligrosas (1967) son treinta y dos relatos que Harlan Ellison encargó y adquirió directamente a sus autores. Buscó nuevas ideas, situaciones arriesgadas, conflictos sociales o demoler tabúes. Ni más ni menos que un disparo a quemarropa contra nuestras conciencias.

   Ellison, de forma intencional y reiterada, empleó el término Ficción Especulativa con el ánimo de superar la aversión que causaba el de Ciencia Ficción en muchos lectores y críticos, asiduos o no, del fantástico. Para bien o para mal, esta tesis por el cambio de nominación del género no cuajó.

   Los relatos escogidos, como cabría esperar, no presentan la misma calidad literaria, pero la diversidad de temas tratados junto a la innovación estilística y el buen oficio de los autores dio lugar a una de las mejores antologías de todo el fantástico. Pienso que Ellison no pretendió enseñar por dónde deberían ir las cosas, ni tampoco iniciar un escuela. Fue más bien mostrar lo que se podría hacer y en parte lo que ya estaba hecho; prueba de esto es que no todos los autores eran jóvenes intrusos que descollaban en el género, algunos ya eran por esas fechas auténticos clásicos como Lester del Rey, Frederik Pohl, Damon Knight o Fritz Leiber.

   Si bien es cierto que Ellison habla de la New Thing considero que hay relatos en esta antología que parecen escaparse de la intención original; así, Prueba para la destrucción de Keith Laumer o Judas de John Brunner cargan demasiado lastre cincuentañero en sus argumentos y formas. Y alguno de los autores difícilmente podría ser considerado dentro de esta corriente, tal es el caso de Larry Niven o Philip K. Dick.

   El lector que asume el reto de leer esta antología descubrirá, entre otros, un Space Opera demoledor en El canto del crepúsculo de Lester del Rey. Revelaciones desoladoras como en ¿Cantará el polvo tus alabanzas? de Damon Knight y La fe de nuestros padres de Philip K. Dick. No son cuentos escapistas, algunos relatos plantean dilemas morales con trasfondo social, desde el racismo en Al día siguiente de la llegada de los Marcianos de Frederik Pohl o la visión reaccionaria de El rompecabezas humano de Larry Niven. Despertarán sensaciones de horror como Incidente en Moderán de David R. Bunch, y decrepitud o vaciedad en Moscas de Robert Silverberg y en El reconocimiento de J. G. Ballard.

   El sueño americano hasta sus últimas consecuencias en Ángeles del carcinoma de Norman Spinrad y el esplendor y la gloria hasta el final en Auto-da-fe de Roger Zelazny. Entre juegos de dolor y muerte puede surgir lo inesperado como en Un juguete para Juliette de Robert Bloch y su continuación en El merodeador en la ciudad al borde del mundo del mismo Ellison.

   Me dejo bastantes en el tintero, pero los comentados son una buena muestra de lo que Ellison quiso ofrecer del emergente modo de creación en el fantástico de los sesenta.

    Los excesos

   En el número 61 de la revista Nueva Dimensión (1974) con el encabezamiento de La Nueva Cosa escriben los editores que les gustaría publicar más relatos de esta corriente pero que no pueden por:

 

   "... tres barreras infranqueables: traducción casi imposible del inglés al castellano, relatos incomprensibles y temas sumamente "obscenos" (según el Art. 2º de la vigente Ley de Prensa)."

 

   Obviando, si esto es posible, los estragos de la censura franquista, las otras dos barreras aludían a un problema concreto de la corriente literaria que nos ocupa. Mientras que unos veían frescor y literatura enriquecida, para otros era un exceso de "arte y ensayo", de lo absurdo, que aburría soberanamente salvo que apareciesen las entrepiernas.

   Hubo excesos, léase como ejemplo y con un par de aspirinas preparadas A Cabeza Descalza (1969) de Aldiss, que llega a aturdir hasta al lector más entregado. Este desmadre fue incentivado por los propios editores. Se tomaban los relatos más estrambóticos como ejemplo de las nuevas tendencias, así pues, el proceso selectivo estaba en cierto modo sesgado al escoger los relatos que podían impresionar al lector por cuanto a lo innovador respecto al "mainstream" del género. Como ejemplo, en el citado ND ponen dos relatos que sí superaron las tres barreras, son: El último hurra de la Horda Dorada de Norman Spinrad y Postatómico de Michael Butterworth. Precisamente considero que el relato de Butterworth cae en un exceso de estilo siendo más apariencia que otra cosa.

   A treinta años vista, los excesos me parecen como un juego de experimentación literaria necesario para buscar posibles caminos, caminos que se encontraron y dieron grandes novelas.

 

    Novelas de la New Wave

    Las de catástrofes

   En 1962 Rachel Carson publicó su estudio Primavera silenciosa , que en poco tiempo se convirtió en la Biblia de los ecologistas más integristas. El uso indiscriminado de plaguicidas sumado a la deforestación de zonas tropicales, estaba provocando la destrucción del medio natural. Carson daba datos concretos, la pérdida del equilibrio ecológico era un hecho contrastado, nos estábamos cargando el planeta. La voz de alarma se extendió y la conciencia planetaria por un mundo sano comenzó a forjarse.

   Los escritores, no siempre ajenos a lo que pasa en el mundo, tomaron como suya esta bandera y así surgieron algunas "novelas de desastres" que no eran una novedad en el género. Desde la Segunda Guerra Mundial la Ciencia Ficción advirtió sobre la amenaza de la "Era Atómica", pero ahora era diferente, no había héroes que salvaran la Tierra del holocausto nuclear; la nueva generación culpó al Hombre.

   Novelas que sin ser consideradas Nueva Ola por no entrar dentro de su estética literaria, aunque con una potente carga ideológica en la línea de este movimiento, fueron fundamentalmente La tierra permanece de George R. Stewart (1949) y posteriormente Cántico por Leibowitz de Walter M. Miller (1960), en ellas se encuentra el germen de lo que se verá en los años siguientes.

   En los inicios de la Nueva Ola, Brian Aldiss en Barba Gris (1964) da rienda suelta a la auténtica era atómica donde las fuerzas teratógenas queman infancias y con ellas las esperanzas, lo que queda es una deriva por los recuerdos de un pasado que ahora ya siempre será mejor. Aunque la experimentación literaria en Aldiss vendrá a partir de Informe sobre la probabilidad A (1968), sí se aprecia en Barba Gris la espoleta creativa que dirige sus fuerzas hacia un planteamiento político y de preocupación social basado en el humanismo.

   J. G. Ballard es de los primeros en abrir las puertas con Huracán Cósmico (1962) sólo son atisbos de sus auténticas catástrofes versión Nueva Ola. Con El Mundo sumergido (1962), La Sequía (1963) y Mundo de Cristal (1966), nos presenta el hombre y su culpa, castigo y redención. La penitencia se cobra su precio con el descarnamiento de la conciencia de los protagonistas. Ballard guía en un viaje interior que se refleja en mundos sombríos, surrealistas y con frecuencia esquizoides que no dejarán indemne al lector.

   Pesimista y dramática es Los genocidas de Thomas M. Disch (1965), el hombre no es más que una plaga y como tal se muestra en la barbarie del fanatismo religioso, así como en las pulsiones vitales que animalizan dando rienda suelta al odio y acentuando la locura.

   En lo que pudiera ser un arrebato de la ecología, como conciencia más radicalizada en los años setenta, nos encontramos con El rebaño ciego de John Brunner (1972). Llega al paroxismo de la contaminación, a la estupidez más absoluta de los políticos y a la rabia más desaforada de los ecologistas; hoy día ya no nos parece tan extremista, pues en parte ya está aquí.

 

    Las distopías

   La prospección, que los jóvenes autores hacían, no escapaba mucho más del límite de sus vidas, el mañana nunca estuvo tan cerca. Oscuro, sucio y corrupto, donde los sistemas de poder imponen su tiranía y poco se puede hacer para mejorarlo, dibujaron con demasiado atino un futuro-presente negro.

    Hagan sitio! ¡Hagan sitio! de Harry Harrison  (1966).La historia aparente es la de una investigación policial y una relación amorosa decadente. La ambientación, la da un sistema policial opresivo que trata de controlar la inestabilidad social, generada por la escasez casi total de agua, alimentos y espacio; en el climax estallan las revueltas callejeras.

    Todos sobre Zanzibar de Brunner (1968), un futuro donde la manipulación de masas por los medios de comunicación, las multinacionales y la genética llevan al mundo al borde del precipicio. Todo un alarde de Brunner en cuanto a investigación sociológica con base en la superpoblación, en una novela de estructura compleja sin perder el equilibrio estético.

    Incordie a Jack Barron de Norman Spinrad (1969), dibuja un mañana sucio por la corrupción del poder, que conlleva la pérdida de los ideales que se asumieron en la juventud. En una obra de estética provocativa y de estilo arriesgado, véase el exceso en unir-palabras-mediante-guiones-para-llamar-la-atención-del-lector o los chorros de pensamientos con una gramática desestructurada.

    334 de Thomas M. Disch  (1972), un mundo aparentemente perfecto sin cabida para los fracasados que no tuvieron ni la oportunidad de adaptarse. En la escasez de espacio, trabajo y en la impuesta planificación familiar está el origen de los marginados sociales, los derrotados por el sistema que ha creado un mundo lleno de personas infelices.

   También de Disch es Campo de concentración (1968), no es una auténtica distopía pero como profunda reflexión antimilitarista y alegato a favor de la libertad de expresión, escrita en el momento histórico de la guerra de Vietnam sí tiene su relación con este subgénero, siendo una de las novelas de Ciencia Ficción con mayor bagaje cultural.

 

    Las espirituales

   Otras veces, las respuestas se encuentran en el pasado histórico-mitológico que conforman los arquetipos de la naturaleza humana. El bucear en el subconsciente, donde la solución no es precisamente lo más llamativo, puede hacer surgir novelas en las que realidad y sueño no se diferencian.

   Los mitos clásicos en Tú el inmortal (1966), de Roger Zelazny se manifiestan bajo formas monstruosas debido a malformaciones congénitas. La Tierra en venta y la desolación salvaje de lo inesperado serán el reto para un inmortal, que deberá luchar para evitar la perdida de la identidad humana.

   En La intersección de Einstein (1967) de Samuel R. Delany asistimos a una búsqueda, a un viaje de iniciación por un mundo carcomido por el tiempo pasado; lo único que perdura es la urdimbre existencial de nuestra conciencia colectiva.

   Esta búsqueda puede conducir a la gnosis, en Regreso a Belzagor (1969) Robert Silverberg nos lleva por un mundo selvático que va despojando al peregrino de las trabas autoimpuestas, liberándose al fin el conocimiento, hacia el Ananke primordial.

 

    Los herederos

   Algunos de los autores citados siguen publicando nuevas obras y en muchas ocasiones las novelas nombradas son reeditadas, lo que demuestra que la Nueva Ola tuvo éxito literario; pero, ¿en qué medida supuso el numen de otros escritores? la respuesta se pueden ver en las obras de James Tiptree Jr. seudónimo de la escritora Alice Sheldon, que da lo mejor en sus relatos. Estos son brillantes tanto por las ideas como por su estilo enriquecido, sus recopilaciones en Mundos cálidos y otros (1975) así como en Cantos estelares de un viejo primate (1978) son una poética de sicología y exobiología que imanan humanismo.

   O en las de Gene Wolfe, como en La quinta cabeza de Cerbero (1972) de difícil lectura pero muy gratificante por las sensaciones que se perciben; con los clones, Wolfe escribe una poesía sin métrica sobre la sustancia del Yo y la búsqueda de la identidad como principio y destino.

   En las novelas de Ian Watson, como Empotrados (1972), con formas poco destiladas pero desbordante en conceptos, Watson narra una posibilidad. Un cambio en la evolución humana, por medio del lenguaje al ser este un organizador de la arquitectura mental.

   Para terminar, dos novelas de autores que se mueven por terrenos dispares    pero que transmiten las vibraciones hippies de los sesenta. Software de Rudy Rucker (1982), con una prosa entre lírica y ácida los robots de Rucker dejan de ser asimovnianos para ser "más humanos que los humanos" y Camino desolación de Ian McDonald (1988), si puede escribirse una epopeya divertida-dramática-científico-fantástica, ésta es esa novela donde McDonald reinventa la Nueva Cosa.

 

@ 2003 Rafael Martín para cYbErDaRk.NeT
Prohibida la reproducción sin permiso expreso del autor

2003-04-22 20:21   Des_frankenstein
Muy buen árticulo

Me gustan sobre todo las pequeñas reseñas que hacen que uno se anime a leer.

Resume muy bien una época que cuando la miramos con el paso del tiempo produce una sensación rara. En su momento era algo novedosísimo, ahora es algo pasado...

snifff

2003-04-19 02:13   robe
articulo magnifico que me aclaro bastantes dudas sobre la new wave; aunque es una pena lo dificil que puede ser encontrar alguno de los libros que se nombran (esto parece que empieza a ser un topico)
¿de que me suena ese nuevo fichaje?
2003-04-18 22:47   Chip
Mágnifico artículo, lo he disfrutado como nadie pues soy un fan de la New Wave y tengo todos los libros que menciona (excepto los de Tiptree, no por nada sino porque no hay quien los encuentre!)
2003-04-18 19:40   yarhel
Excelente artículo, claro, divulgativo e incitador a leer algunas de las propuestas que describe.
2003-04-18 18:17   vorkosigan
Un articulo maginifico, leerlo ha sido un placer