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EL BESO DE MILENA,
de Paul McAuley

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El Beso de Milena, de Paul McAuley

La Factoría de Ideas, colección Solaris Ficción, 2001

336 páginas



Ignacio Illarregui, más conocido como "Nacho", mantiene una página sobre literatura llamada "El Rincón de Nacho", donde podréis críticas de libros de ciencia ficción y fantasía, principalmente.

Tiene 27 años y trabaja como profesor de secundaria en Santander.

 

por Nacho Illarregui, 2002

   España está abriendo de nuevo los ojos al mundo de la ciencia ficción. Desde mediados de la década de los 70 hasta principios de los años 90 las colecciones de género ofrecían una amplia perspectiva de los autores y las obras más representativos, no quedando casi ninguno sin tener su pequeña parcela en nuestro mundillo editorial. Sin embargo la casi completa desaparición de todas ellas y la posterior sequía, únicamente rota por el escasísimo aire fresco insuflado por Minotauro y una Nova cada vez más atrapada en su perpétua endogamia, hicieron que el retraso sobre las nuevas corrientes y nombres fuese en brutal aumento. Sólo ahora, con un resurgir de las colecciones tanto profesionales como amateurs, empezamos a recuperar el paso y a una serie de autores que hasta ahora apenas habían sido traducidos.


Paul McAuley

   Así, Mondadori parece decidida a que no quede un sólo libro de Banks por traducir y tiene prevista la publicación de sus novelas del ciclo de la Cultura, además de seguir ofreciéndonos el resbaladizo surrealismo de Jeff Noon, cuya próxima píldora, Neddle in the Groove, promete ser memorable. Ediciones B tiene preparado un primer semestre prometedor con Cryptonomicon de Stephenson y la continuación de Un fuego en el abismo del siempre estimulante Vernor Vinge. Gigamesh, con el eclecticismo como bandera, promete un 2002 lleno de buenas obras, con George R.R. Martin y Tim Powers como bandera, reeditando Lágrimas de Luz de Marín y traduciendo por primera vez a nuestra idioma al esperado Richard Calder. Y La Factoría nos ha dado unas Navidades ciertamente espectaculares con la reedición de uno de esos clásicos que no debe faltar en ninguna biblioteca personal, Muero por dentro de Silverberg, y la publicación de dos autores que han sido los líderes en ventas en el Reino Unido en el último año, Harry Potter aparte. China Mièville y su Estación de la Calle Perdido por un lado y Paul McAuley por otro, del que han publicado El beso de Milena y que ahora paso a comentar brevemente.

   Su argumento gira en torno a lo que se podría llamar la santísima trinidad de la ciencia ficción actual: nanotecnología, biotecnología y realidad virtual. Se desarrolla en una Europa en la primera mitad del presente siglo, donde los avances biotecnológicos han propiciado la creación de unos seres antropomorfos, llamados muñecas, que se utilizan para realizar todo tipo de trabajos físicos como si fuesen esclavos, además de servir como mecanismo de diversión, incluidas modernas peleas de gladiadores y todo tipo de perversiones sexuales.

   Alex Sharkey, un joven y orondo hacker genético, se gana la vida modificando el ADN de algunos retrovirus para que tengan el mismo efecto que ciertas drogas psicoactivas sin la molesta adicción de estas últimas. Para poder pagarse el equipo necesario y poder desenvolverse convenientemente en su profesión, acude a un capo de las tríadas hongkongnesas en Londres, Billy Rock. Éste tiene el oscuro propósito de conseguir que las muñecas, inicialmente con los aparatos sexuales completamente atrofiados, se puedan reproducir. Mientras trabaja en este asunto es contactado por Milena, una enigmática niña de la que Sharkey queda completamente prendado, que le plantea un objetivo todavía mayor. Hacer que las muñecas puedan independizarse y convertirse en seres vivos plenamente autónomos, lo que posteriormente se denomina hada.

   Y, como decía Mayra Gómez Kemp en el Un, Dos, Tres, hasta aquí puedo leer. Porque El beso de Milena es una obra mucho más compleja y que va bastante más allá de lo que aquí arriba he contado, tanto argumental como conceptualmente, pero es mejor zambullirse en ella uno mismo y no matar algunas de las sorpresas que se van dejando ver por sus 336 páginas de apretada letra.

   McAuley divide la historia en tres actos entre los que hay varios años de diferencia, aprovechando esta circunstancia para cambiar de escenario y así poder apreciar tanto el amplio cambio que se ha producido en el mundo como una evolución en el personaje principal. Éste pasa de ser un pobre erudito manipulado y vapuleado por aquellos que le rodean a una especie de trasunto de Haviland Tuf, el conocido personaje de George R. R. Martin, que parece tenerlo todo bajo control pero sin su diarrea verborreica.

   Como escritor con sólida base científica, hace uso de esos conocimientos para crear una trama repleta de curiosos utensilios de todo tipo y especulaciones geneticobiológicas con discurso ético incluido, para lo cual utiliza un lenguaje bastante sencillo no exento de matices que será apreciado tanto por los legos como por los iniciados en la materia.

   Entre todos los cachivaches y avances tecnológicos que presenta hay uno que clava sus garras en el lector, especialmente porque con vistas al futuro resulta impactante. Me refiero a lo que bautiza como fembots, máquinas nanotecnológicas que entran en nuestro organismo y producen cambios en él, tanto físicos como mentales. Así ciertas sectas hacen uso de ellos para adquirir nuevos fieles que se ven obligados a obedecer ciegamente las instrucciones que los fembots introducen en su memoria.

   Su prosa es imaginativa, ágil y envolvente, equilibrando bastante los momentos discursivos con otros en los que se desencadena la acción, que a veces toma un ritmo excesivamente endiablado. Y a pesar del carácter irreal de la nomenclatura que hace uso para aludir a parte meramente biotecnológica, El beso de Milena da la sensación de desarrollarse en un mundo muy parecido al actual y bastante lejano del acartonamiento que destilan muchas de las novelas de futuro cercano. Esta propiedad de la que McAuley sabe dotar a su obra surge del reconocido amor que siente por el género y su extensísimo conocimiento. Aprovecha indiscriminadamente toda una serie de avances y situaciones expuestos en obras claves y puntales del género para hilvanar un mundo plenamente auto consistente y que supone un acicate para los conocedores del género, ya que se disfruta bastante descubriendo estas referencias.

   En la mayoría de las ocasiones estos sentidos homenajes se reducen a utilizar términos ya conocidos para definir ciertos productos, como una droga que produce un gran bienestar a la que llama soma en homenaje a la célebre droga de Un mundo feliz. Pero también tira ampliamente de paisajes, situaciones y escenarios que han sido desarrollados convenientemente en otras obras como Ciudad Permutación, La era del diamante o Ciudad. Incluso todo el primer acto, en especial el que se desarrolla en los llamados campos de la muerte, parece sacado de la novela Ambiente de Womack, mientras que el paisaje albanés plagado de seres extraños donde transcurre la tercera parte, da la sensación de ser en parte una reescritura en clave actual de Tú, el inmortal de Zelazny. Esto, que en otras ocasiones no es más que un mero artificio utilizado para ganar la complicidad del lector, aquí está perfectamente llevado, sin chirriar ni molestar lo más mínimo.

   También es cierto que tiene algunos defectos ligeramente engorrosos. McAuley apuesta claramente por una narrativa frenética y a la vez densa, en la que exige la atención del lector para que éste no se pierda. Eso hace que en ocasiones se tenga que retomar varias veces la lectura de un mismo párrafo para asimilar toda la información o entender cómo ha transcurrido la acción. Es más. Su riqueza temática y de discurso hace que cuando llegas al final parte de él se haya perdido y no tengas la impresión de que la obra ha cerrado todos los cabos, quedando levemente la sensación de que para el viaje al que hemos asistido no se necesitaban todas esas alforjas, excesivamente sobrecargadas. Un poco de simplicidad bien entendida beneficia horrores una narración.

   La edición que nos ofrece La Factoría está mejor realizada que en ocasiones precedentes, dando la sensación de que paulatinamente van aprendiendo de los errores cometidos, aunque no entiendo por qué las notas del traductor se insertan en medio del texto de una forma completamente antinatural. La labor del traductor es aceptable, aunque tiende a ser excesivamente literal, traduciendo gran cantidad de términos científicos de manera defectuosa. Así la transcriptasa inversa, encima fundamental en el funcionamiento de los retrovirus, es convertida en transcriptasa reversa, mientras que el antialiasing, una técnica de proceso gráfico utilizada para mejora la apariencia de estos, es traducido por antialias.

   El beso de Milena es una de las lecturas más estimulantes a la que he tenido la ocasión de enfrentarme en bastante tiempo. Especialmente recomendado para lectores que no le hagan ascos a las nuevas ideas ni a autores como Greg Egan.

@ 2002 Nacho Illarregui
Prohibida la reproducción sin permiso expreso del autor

 

2002-04-14 23:53   Nacho
Sólo una cosa, que no creo que esto vaya a dar mucho más de sí. Pero me interesa esa manía que tiene mucha gente de intentar justificar lo injustificable (Poujade creo que se cansó de las pullas que se le lanzaban en las listas de correo y ya no sale tanto como antes). Me explico. La Factoría no es la única empresa pequeña que publica ciencia ficción y fantasía en este país. Existen otros que también lo hacen, y hay una que por tamaño (incluso es más pequeña) nos viene que ni al pelo para comparar (es otro de los defectos que tengo, a parte del de interpretar) Gigamesh. Sí, ya sé que a veces parece que los tengo en un pedestal, pero si están ahí es por algo.

Sus libros están orientados al mismo público que los de La Factoría. Es más. Diría que incluso es más reducido, ya que no publican ningún tipo de subproducto franquiciado. Ambas empezaron con los mismos problemas de edición. "Cuarentena" era un pequeño desbarajuste porque no se corrigió bien. ¿Qué hicieron? ¿Siguieron con un plan editorial frenético de sacar libros mes sí mes también, especialmente en el mes de diciembre con vistas a la campaña navideña? No. Han intentado pulir sus ediciones, y lo han conseguido. Sus libros están ciertamente bien editados y son un buen ejemplo a seguir. Incluso algunas de sus traducciones (estoy pensando en Snowcrash por Juanma Barranquero, que he leido también en inglés), son inmejorables. Cierto es que esto se ha traducido, entre otras cosas, en unos retrasos inmensos de los que ahora empiezan a salir. ¿Por qué? Porque han contratado a alguien específico para realizar únicamente esa labor (creo que a tiempo completo).

El papel es más agradable (Lo de "Puerta al verano" es inenarrable), sus libros más manejables, las portadas mucho más "atrayentes",... Y encima son más baratos. ¿Cómo es posible que unos sí y otros no? En serio que no lo entiendo. Puedes hablarme de política empresarial y todo lo que quieras. Pero si a mi me dan a elegir entre hacer las cosas bien y hacerlas así, lo tengo muy claro. Pero ya sé que no vivo en el mundo real.

Sobre la película de Coppola, te recomiendo encarecidamente (y sin ningún ánimo de entrar en polémica) el ensayo que Rafa Marín escribió para la revista Stalker (número 14 o 15), una muestra más de su calidad como divulgador. Y coincido con él (me escondo detrás del argumento de autoridad :-) en que consigue llevar a la pantalla una obra inadaptable.

Yo lo dejo aquí. Ha sido un placer departir contigo, y no creo que acuda a ese duelo al amanecer. Aprecio demasiado mi vida

;-)
2002-04-14 23:00   cYbErDaRk
>Señor webmaster, con este método no se puede ser, ni parecer, serio...

Estimada Kyaren.

Las diferencias que tengáis entre Nacho y tú hay quedan, entre vosotros dos. A mi no me metáis por en medio porque ni pincho ni corto, y ni siquiera me he leído el libro.

En cuanto a las "palabras perdidas" se trata sencillamente de que has usado el símbolo < y el símbolo >, ambos propios del lenguaje HTML, el cual el navegador usa como etiquetas en todos los navegadores del mundo, y en esta página se confía en el buen uso de este lenguaje que puedan hacer los usuarios.

Bastaba simplemente que me mandases un email indicándome que habías tenido un problema con un mensaje y lo hubiese arreglado, tan sencillo como eso.

Creo que eres la primera persona que se queja de mi labor en los 2 años que lleva la página funcionando. Y dado que ni pido un duro por hacerla y que la hago por amor al arte (financiada de mi bolsillo), no me parece de recibo.

La página se ofrece "AS IS", y no me hago responsable de que pueda o no funcionar, de que os guste o no, ni de hecho me hago responsable de nada. O de que un día para otro deje de funcionar todo.

Creo, además, que si tan molesta te ha resultado la crítica de Nacho, podrías haber hecho una de las siguientes cosas:

1- Expresar tu punto de vista y posteriomente resolverlo con él en privado.
2- Mandadme un contra-artículo expresando tu opinión.

Un saludo y buen rollito
2002-04-14 20:27   Kyaren
Vale, alguien debería avisar que ese tipo de paréntesis hacen que la palabra en cuestión se desvanezca misteriosamente. Vamos a ver... Por orden, las palabras que faltan son:
1) Esencia
2) Hacer leña del árbol caído
3) Leer
4) Actitud

Señor webmaster, con este método no se puede ser, ni parecer, serio...
2002-04-14 20:23   Kyaren
Bueno, bueno, aquí estamos otra vez. Parece Nacho, que nadie más se anima a conversar con nosotros. ¿Será que aún están esperando a que te tire un guante y te cite para mañana el amanecer? Te dejaré que escojas el arma... *lol*

"Básicamente, la palabra que me ha inducido a pensar todo esto es esencia. Textualmente (como ya hemos repetido en casi todos los mensajes :-)" Ahhh, <>, nunca imaginé que fuera a resultar una palabra tan controvertida. Hum, entonces me temo que habré de decepcionarte, como ya dije en mi mensaje anterior, no me refería a ningún tipo de interpretación libre. Supongo que esa palabra, en boca de Ana Rosa Quintana tendrá otras connotaciones, pero desde luego no son las mías. Perdón, pero, en ocasiones, a mí también me place <>.

"la interpretación que le he dado es la que has leído." ¿Ves? Malo es interpretar, sencillamente deberías <>. No te ofendas, es sólo un comentario.

Sobre el hecho de que no haya más personas corrigiendo los textos, oh, está bien, te daré la razón. Pero te sugiero que no te acostumbres ;-) Demasiado a menudo los traductores y demás equipo trabajan a contrarreloj para publicar a toda prisa. Es una actitud puramente empresarial, por supuesto, con la que evidentemente no estoy de acuerdo. De todas formas, no creo que esta <> sea tampoco motivo para condenar a nadie a morir apedreado. Después de ciertas experiencias he llegado a establecerme en un insólito punto de vista conformista. Pienso que si yo tuviera una editorial pequeña que vende para un grupo muy reducido de la sociedad, que tengo pocos trabajadores y que la mayoría de ellos no se ocupan exclusivamente del trabajo que yo les encargo (entre otras cosas porque mi economía no es la de una editorial más asentada), entonces tendría que elegir entre algunas cosas que posiblemente fuera irreconciliables con las virtudes que un libro publicado por una editorial grande tiene. Sí, sí, ya sé que esta postura es perfectamente criticable, pero también lo es aquella en la que uno está disconforme sin conocer qué ocurre, por qué se da esa situación y si realmente cabría la posibilidad de que no sucediera... Pero entonces, ¿qué se perdería en el proceso? En fin, supongo que cada "miembro del equipo" hace lo posible con el tiempo y medios de los que dispone.

Con respecto a la película de Drácula, sí, me refiero a la de Francis Ford Coppola. La "herejía romanticona" de la novela de Bram Stocker, con la que comparte poco más que el nombre de los personajes. Pero llegas a verla en los dos idiomas fíjate en el acento que tiene el Conde en inglés y luego el que tiene en español. El segundo es bastante más creíble y embriagador. Ya me contarás qué te pareció.

En fin, ya sabes... al amanecer te espero en alguna provincia que esté a mitad de camino entre la tuya y la mía. Tú eliges el arma, muchacho...
2002-04-14 16:07   Nacho
Básicamente, la palabra que me ha inducido a pensar todo esto es esencia. Textualmente (como ya hemos repetido en casi todos los mensajes :-)

"Obviamente se pierden cosas, en ocasiones yendo en detrimento del texto, otras, otorgándole más matices y esencia"

y la interpretación que le he dado es la que has leído. Después no he dado más que vueltas sobre lo que se podía sacar de esta afirmación. Si no iban por ahí los tiros, entonces no pasa na. Y entiendo perfectamente la diferencia entre traducir e interpretar.

Sobre los fallos en la traducción de terminología científica puedo decirte que había varios del mismo calibre, sólo que cuando escribí la reseña hace ya más de tres meses sólo tomé nota de esos dos (estaba comentando superficialmente la novela, no la traducción). Más que la impericia del traductor en estas lides, me preocupa que no hayan dos o tres personas que repasen A FONDO las galeradas (¿se llaman así?) antes de imprimir para detectar todas estas cosas. Y los fallos en la correspondencia de género o las oraciones mal construidas. Esta es una tónica en la editorial que parecen empeñados en seguir cultivando. Se sacan los libros con prisas y corriendo sin examinarlos exhaustivamente. Sale lo que sale.

Por último, no he visto Drácula (¿te refieres a la de Coppola?) en versión original. Pero tengo un DVD y siempre prefiero ponerme las pistas en inglés antes que escuchar el doblaje a nuestro idioma. La interpretación no sólo son los gestos y el movimiento, sino también los tonos y las inflexiones en la voz. Los dobladores, por muy buenos que son algunos (que lo son), no lo reflejan de la misma manera. Sobre la traducción me lo guardo hasta que eche el guante a la película (aunque te tomo nota :-)
2002-04-14 15:13   Kyaren
Estimado Nacho, parece que has malinterpretado mis palabras, aunque si éstas sirven a tus argumentos y opiniones, no lo tomaré como una ofensa. Me explico, cuando dije que: "Obviamente se pierden cosas, en ocasiones yendo en detrimento del texto, otras, otorgándole más matices y esencia", no me refería a que los traductores sumen algo que no estuviera ya en el texto original, quise decir que a veces el idioma o la manera de explicar algo aporta un ángulo diferente a una misma frase, ¿comprendes?

Bien, voy a poner un ejemplo para que entiendas a qué me refiero. La película de Drácula *Kyaren esquiva el primer tomate*, la he visto en español y en inglés. En mi opinión, la versión española gana sobre la inglesa. ¿Por qué? Porque el idioma es mucho más hermoso. Porque las palabras en castellano están cargadas de una entonación que no tiene el inglés.

"Pero si hay un alto contenido científico, qué menos que investigar un poquitín los conceptos, que para eso te pagan. Pero es mucho mas fácil limitarse a tocar de oídas (cosa que yo también hago normalmente)", perdona Nacho, pero una vez más no estoy de acuerdo con esto. Francamente, me resulta difícil creer que el traductor de este libro no haya consultado sus fuentes para asegurarse de que estaba escribiendo lo correcto.

"A la cabeza me viene automáticamente el verbo desvirtuar." Ya te he explicado anteriormente a qué me refería con "matices y esencia" así que dejaré este tema quieto.

"¿Por qué entonces va a darle más importancia a ciertos aspectos que en origen su autor no había considerado oportuno realzar? ¿Y si esos aportes van en detrimento de la idea que el escritor quería contarnos?" ¿Y por qué sigues tú pensando que lo que yo dije fue que el traductor está interpretando un texto? Me gustaría saber qué parte de mi opinión te ha llevado a pensar que yo he dicho algo semejante a esto. El traductor no le da más importancia a unos u otros aspectos, el traductor se limita a traducir con la mayor veracidad lo que está leyendo. No está interpretando, sino traduciendo, ¿entiendes tú la diferencia?
2002-04-14 12:40   Nacho
Releyendo un poco lo escrito, me he dado cuenta que una de mis ideas noha uqedado para nada clara. Me refiero a que un traductor no debe aportar "matices ni esencia" que no están en la obra original.

A la cabeza me viene automáticamente el verbo desvirtuar.

En una producción editorial cada uno de las funciones tiene que estar bien compartimentada. Un traductor no es el escritor de la novela. ¿Por qué entonces va a darle más importancia a ciertos aspectos que en origen su autor no había considerado oportuno realzar? ¿Y si esos aportes van en detrimento de la idea que el escritor quería contarnos? Porque interpretaciones sobre textos hay muchas (casi tantas como lectores), y no siempre coinciden al ciento por ciento con lo que podía estar en la mente del autor.
2002-04-14 11:46   Nacho
No es mi intención iniciar aquí un agrio debate, pero decir cosas como

"Y me resulta francamente irrisorio que una persona que, en primer lugar, no es traductor, se atreva a juzgar tan alegremente la labor de un profesional de estas características"

invita bastante a la batalla. Por esta regla de tres alguien que no es cocinero no puede juzgar los platos que le ponen en un restaurante, o alguien que no es profesor no puede juzgar los métodos de enseñanza que tienen sus hijos. Ahora va a resultar que sólo los traductores puede emitir opiniones fundadas sobre su ámbito de trabajo.

Después aludes a la portada y al título, con ideas con las que estoy más o menos de acuerdo (aunque no las haya comentado en mi reseña, que no crítica). Y dejas caer una frase ante la que no puedo evitar sentirme aludido:

"Las opiniones son gratis, todos tenemos una y si es destructiva e injusta, tanto mejor"

como si mi reseña fuese destructiva, cosa que para nada es cierta.

Después

"Traducir, no implica reescribir un volumen de texto a nuestro antojo, no. Significa estirar las ideas y el lenguaje, rozando a veces el límite de lo imposible, para ser lo más fieles al texto original"

Perfecto. Un traductor no debe limitarse meramente ser la herramienta del altavista con sentido común. Debe vertir a nuestro idioma el original de una manera flexible, explorando varios caminos y eligiendo siempre el que mejor se adecúe a nuestra lengua. No tiene que convertirse en algo rutinario.

Pero a continuación dices:

"Obviamente se pierden cosas, en ocasiones yendo en detrimento del texto, otras, otorgándole más matices y esencia"

Y es aquí donde ya has perdido completamente la razón. Un traductor no debe (ni puede) convertirse en un escritor que pula, siguiendo su criterio, el texto que le han dado. Debe jugar con el original siéndole fiel. No sé. Me resulta (desde mi total desconocimiento del tema) inconcebible que se pueda sugerir esto.

Y claro que pienso que traducir es difícil, nada más lejos de mi intención hacer creer lo contrario. Pero si hay un alto contenido científico, qué menos que investigar un poquitín los conceptos, que para eso te pagan. Pero es mucho mas fácil limitarse a tocar de oídas (cosa que yo también hago normalmente)

Además, la literalidad a la que me refería no es únicamente un defecto asociado a la nomenclatura científica, sino que aparece también en algunas construcciones gramaticales. Pero esto no es achacable únicamente al traductor, sino al corrector que en La Factoría brilla por su ausencia.

Por último, gracias por lo de crítico novel, aunque no pueda considerarme como tal. Yo sólo escribo reseñas de los libros que leo, además excesivamente amateurs. Aunque intento mejorar.
2002-04-13 19:39   Kyaren
Cito literalmente: "La labor del traductor es aceptable, aunque tiende a ser excesivamente literal". ¿Por qué no zambullirse en la redundancia? Tanta literalidad resulta exasperante, sin duda. Hace poco unos amigos me comentaron que la traducción de El Señor de los Anillos les parecía errónea. Obviamente me eché a reír, entre otras cosas porque sabía que no habían tenido la oportunidad de compararlo con el texto original escrito en inglés. En ambas ocasiones, concreto, en El Señor de los Anillos y el Beso de Milena, yo he leído ambos escritos, el original y la traducción posterior. Y me resulta francamente irrisorio que una persona que, en primer lugar, no es traductor, se atreva a juzgar tan alegremente la labor de un profesional de estas características.

Comprendería que de la edición española se destacaran diferencias como, por poner un ejemplo, la portada. Lo sé, es una particularidad casi insignificante, ¿o no? A mí no me lo parece, he estudiado Periodismo durante unos cuantos años y en ese valioso centro de saber, me adoctrinaron sabiamente sobre las sutiles técnicas para atraer la atención de, en este caso, un lector. Sí, sin duda, la portada no sólo no tiene nada que ver con el libro, sino que además es horrenda. Por supuesto, para gustos, los colores.

La segunda diferencia evidente es el título. ¿Cuántas veces hemos oído criticar la traducción de un libro o película al castellano? Supongo que comentarios como ¿por qué no son los traductores más fieles al texto original? No nos resultan ajenos. Si se es literal, entonces se excede por la literalidad, si no se es literal, entonces no se es fiel al texto original. ¿Cuál es el equilibrio? No existe. Las opiniones son gratis, todos tenemos una y si es destructiva e injusta, tanto mejor.

Desde mi humilde experiencia he aprendido que es difícil ser honestos a la hora de criticar la labor de alguien. Traducir, no implica reescribir un volumen de texto a nuestro antojo, no. Significa estirar las ideas y el lenguaje, rozando a veces el límite de lo imposible, para ser lo más fieles al texto original. Obviamente se pierden cosas, en ocasiones yendo en detrimento del texto, otras, otorgándole más matices y esencia. En cualquier caso, es complicado. Mucho. Puede incluso resultar frustrante, pero eso no es una excusa, ¿verdad?

Como ya he dicho antes, he podido comparar Fairyland con el Beso de Milena, de modo que mi visión está respaldada por ambos idiomas. En mi opinión el traductor ha sido bastante hábil manejando un libro de estas características, quizá como sugiere este crítico novel, los conceptos no sean completamente semejantes, pero para una persona ajena a la jerga científica (como es mi caso) lo importante no son los conceptos y nomenclaturas que francamente tienden a olvidarse con la misma celeridad con la que se leen, sino comprender qué son, de qué se trata y qué función tienen en el contexto. Y en eso, queridos amigos, estimo que el traductor no ha dejado nada fuera.

En fin, sin más que decir, me retiraré.