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La invasión divina
de Philip K. Dick

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La invasión divina,
de Philip K. Dick

Título original:
The divine invasion

(1981)

Portada:
OPALWORKS

Traducción:
Albert Solé

Editorial:
Minotauro
Biblioteca Philip K. Dick
(2004)


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Daniel Buzón Reinoso (db105), Febrero 2005

   El objetivo de una crítica no es dar a conocer la opinión del que la suscribe, sino proporcionar al lector elementos de juicio sobre la novela criticada, que le permitan tomar la decisión de leerla o no. Así, una crítica bien argumentada puede hacer llegar al lector a una conclusión distinta a la del autor de la misma, según los gustos y preferencias de cada uno.

   Estamos ante una de esas novelas que no puede dejar indiferente a casi nadie. A unos les parecerá tediosa y absurda y a otros una obra maestra. Por mi parte me consideraré satisfecho si consigo transmitiros una idea objetiva del tipo de narración que os vais a encontrar. Para ello es necesario que sea completamente honrado y empiece reconociendo mis prejuicios: me considero una persona de mentalidad racional y muy poco dado a disquisiciones místicas o teológicas. Esto me convierte en un claro candidato a aburrirme e irritarme con La invasión divina.

   Pero vayamos poco a poco.

   La invasión divina es la segunda parte de una trilogía comenzada con Valis y completada con La transmigración de Timothy Archer. Más que argumentalmente, estas novelas están relacionadas por una serie de conceptos y obsesiones místicas comunes, propias de la última etapa de la vida de Philip K. Dick.

   La premisa de la historia es que Dios, aquí llamado Yah, ha sido derrotado por Belial (Satanás), que lo ha dañado y expulsado de la Tierra. Aunque nuestro planeta ha quedado fuera del alcance de Dios, la humanidad se ha extendido por las estrellas y ha llegado a sus dominios. El plan divino es retornar a la Tierra tras encarnarse en el vientre de Rybys Rommey, que forma parte de la colonia humana en un lejano planeta. A Rybys y al niño que crece en su vientre le acompañarán en su viaje Herb Asher, al que Dios obliga a desposar a Rybys, y el anciano Elías Tate, que es la expresión terrenal del profeta Elías.

   Para conseguir su objetivo, Yah tendrá que enfrentarse a Belial y a aquellos que sin saberlo le sirven, entre ellos los líderes del opresivo gobierno de la Tierra: el cardenal Fulton Statler Harms, jefe prelado de la Iglesia cristiano-islámica, y Nicholas Bulkowsky, procurador máximus del Legado Científico y líder del Partido Comunista. Por desgracia algo va mal y se produce un accidente o intento de asesinato en el que el pequeño Emmanuel, encarnación de Yah, sufre daños cerebrales que le hacen perder la memoria.

   La mayor parte de la novela narra el proceso de recuperación de la memoria de Emmanuel, con la ayuda de una misteriosa niña llamada Zina, su intento de establecer la salvación de la humanidad y si merece la pena hacerlo, el conflicto entre la naturaleza justiciera y la naturaleza compasiva de Dios, y el enfrentamiento con Belial.

   Muy pronto se comprueba que Dick va a hacer pocas concesiones al lector. No le interesa contar una historia siguiendo los cánones tradicionales y sí dar rienda suelta a sus obsesiones místicas. Así, la recuperación de Emmanuel es un proceso dialéctico en el que el lector puede esperar encontrarse largas, oscuras y por momentos surrealistas conversaciones que transcurren por cauces como éste:

–Esa figura, El que Ayuda... ¿eres tú? –preguntó Emmanuel.
–No –dijo ella–. Es una figura mucho más compleja y sorprendente que yo. Si mi presencia te resulta difícil de entender, si te cuesta decidir...
–Sí, me cuesta -dijo Emmanuel.
–Es un recién llegado a este mundo –dijo Zina–. En los eones anteriores no estaba aquí. Representa una evolución de la estrategia divina, una evolución gracias a la cual se repara el daño primordial, uno de los muchos daños existentes, pero el más importante de todos. (...)

   Todas estas conversaciones se suceden de forma errática, sin un orden racional claro. Esto puede ser irritante para muchos lectores, entre los que me incluyo, mientras que para otros intentar seguir el torrente de ideas religiosas, filosóficas y místicas surgidas de la mente de Philip K. Dick puede resultar fascinante. Tampoco la trama sigue una estructura racional, al menos según el tipo de razonamientos al que estamos habituados. El lector más bien tiene que abandonar sus ideas preconcebidas y dejarse llevar por la novela.

   El Dios presente en la obra no es omnipotente, sino que puede ser derrotado o engañado. Puede perder la memoria y puede ser convencido de que estaba equivocado, todo lo cual tiene su efecto en la naturaleza de la realidad, otro de los temas predilectos de Dick.

   La falta de una estructura convencional trae consigo otros problemas: personajes que son presentados de forma detallada para después desvanecerse sin tener influencia en la historia, diálogos deslavazados, etc... Sin embargo, la sensación que me ha producido al leerla es parecida a la que se tiene al contemplar un cuadro impresionista. Cualquier pasaje tomado al azar me parece desenfocado y carente de sentido, pero al mirar el conjunto considero que La invasión divina está lejos de ser el delirio de un escritor medio loco y que plantea preguntas y reflexiones de genuino interés filosófico.

   En resumen, La invasión divina no se cuenta entre las obras más accesibles y fáciles de disfrutar de Philip K. Dick, pero no deja de tener su mérito y su interés. Mi consejo al lector que no conoce a este autor es que comience por sus relatos cortos o por novelas como Ubik. Pero el lector que desea profundizar más en la obra de Dick o que siente interés por temas filosóficos y teológicos puede divertirse mucho con La invasión divina.


   Enlaces

Reseña de Lotería solar

Reseña de Los clanes de la Luna Alfana

Reseña de La penúltima verdad

Reseña de Nuestros amigos de Frolik 8

Reseña de Valis

 

© 2005 Daniel Buzón Reinoso (db105) para cYbErDaRk.NeT
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