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El Vampiro Solitario

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por Jennifer CM, octubre de 2002

   Eran las ocho de la tarde y Duremle ya había despertado. Se estaba mirando al espejo. Era algo impresionante su tez, ningún blanco nacido de la paleta de un artista humano podría compararse a su color de piel, además que ningún humano podría soportar tocarla más de unos segundos. Fría como el hielo, como un gran bloque de hielo. Sus ojos eran tan brillantes como lo pueda ser un fluorescente, ojos amarillos, ojos feroces, los ojos del diablo. Sus labios, eran muy carnosos y de un color rojo pasión que asombraba. Y si abría su boca... ahí los dos caninos enormes dispuestos a hacer su labor. Se había convertido en un animal, una bestia sagaz y sin sentimientos. El paso de los años le daba igual, no le importaba en absoluto. Sólo se dedicaba a matar y a caminar por las callejas más oscuras, para hacer más llevadera la soledad de un animal como él era. Hacía treinta y dos años que se dedicaba a lo mismo. Más no le importaba cuantos. Había perdido la humanidad y con ella, el ser razonador que antes era. Sólo era un animal que buscaba comida con tal de sobrevivir. Cada noche despachaba dos o tres hombres a los alrededores de los cementerios o por los suburbios más pobres. Huía de la luz de la noche, no porque le fuera perjudicial como la del Sol, sino porque no quería regalar su monstruosidad a sus víctimas. Mataba lo más rápido posible. ¿Por pena a sus víctimas? No lo sabía. Ya no sabía casi nada, excepto su condición de animal monstruoso. No disfrutaba del regalo de vivir toda las noches de la humanidad. No se lo merecía, ya no era un humano. Por diversión o bien para matar las horas muertas, entraba en locales de ambiente vampírico algunas veces. Éstos le provocaban curiosidad. Una veintena de mortales haciéndose pasar por vampiros.

   Alguna vez había visto una tez como la suya, tan y tan blanca, que era imposible que fuese maquillaje. Entonces, se marchaba, no quería peleas por un territorio. Él sedentarismo no iba con él, así que simplemente se marchaba a otra zona. En realidad, no había camaradería entres vampiros. No cómo lo decían los libros. Entre ellos se mataban por el terreno de caza, cruda y fría realidad. Él era inteligente, y no basaba su supervivencia en luchas con otros de su especie. Simplemente se iba a otra parte, un sitio donde estar tranquilo. Y si entonces venía otro a ocupar su lugar, antes de que vinieran a él para pelear, le cedía su puesto en aquella ciudad.

   Hoy había llegado a otra ciudad. No una gran ciudad, pero que contaba con muchísima población, por lo tanto sus crímenes a vagabundos, prostitutas o alcohólicos pasaría desapercibido. Además, el suburbio donde encontró un sótano deshabitado, estaba cerca del puerto de mala muerte. Sería muy fácil cazar allí. Por primera vez en su eternidad le gustaba la ciudad. Esta vez quizá pelease por proteger su terreno. Pero los vampiros del siglo XXI eran suntuosos, preferían las grandes polis: New York, Washington, San Francisco, Los Ángeles... no, allí se quedaría una larga temporada. Quizá incluso llegaba al par de años.

   Memorizó el momento de su muerte, para habitar como un fantasma visible pero dañable por la luz del día. Nunca hubiese jurado que aquella pobre muchacha desamparada en medio del cementerio fuese lo que era. Él iba entonces, y desde hacía aproximadamente un año, cada noche al cementerio de su pequeño pueblo. Había perdido a su única familia: su madre.

   Aquella noche como otras, repetía su ritual. Flores frescas y ojos lacrimosos que contemplaban la lápida escasa media hora.

   Pero aquella noche, cuando volvía a casa, escuchó los sollozos de alguien. ¿Los vampiros también lloran? No, el nunca jamás había podido. No existen las lágrimas de sangre pero sí la malicia de la voz vampírica que confunde al oído humano. Ningún vampiro entristecía por nada, ni siquiera él al recordar esa noche; y tampoco ningún vampiro amaba. Ya no sentían nada al morir como humanos, pero su astucia y el don del engaño lo aprendían muy pero que muy bien. Era algo crucial en su vida de vampiro. Recordaba el encuentro con la muchacha perfectamente. Ella estaba arrodillada junto a una lápida de mármol, llorando ( más bien hacía que lloraba) a un familiar, supuso él. Mentira, ella quería atraerle. Conseguir una víctima sin tener que usar su fuerza bruta.

   Se acercó a la muchacha y se arrodilló junto a ella; y cuando se dio cuenta ésta le asía bien fuerte y absorbía su vida a través de la sangre de su yugular. Cuándo lo soltó, no muerto del todo, vio su cara, ¡qué horror! La misma tez que poseía él ahora, pero de unos ojos color cobrizos, imposibles del ser humano. Su boca parecía una rosa roja llorando su mismo color imperial en medio de un campo de azucenas blancas. Y sus dientes caninos... daban pavor. Aún hoy se preguntó porque la muchacha no acabó con su vida. Sin embargo decidió hacerle de su especie. Le dijo bebe ofreciéndole su muñeca blanca y lisa. ¿Dónde está la vena? ¿Era su voz aquella? Pero era todo tan confuso, como un sueño. Sólo recordaba perfectamente el haberse levantado, caído al suelo con dolores atroces, sobre todo en su cara. Su cara que ahora era casi cadavérica. Que había perdido sus rasgos para dejarlos lisos y marcados. Sus ojos, que habían perdido su azul celeste para ser amarillos. Y la boca... sus caninos rompiéndose con un ruido interior para dejar en su lugar a unas garras bucales. Ella sólo le dijo, que se procurara un ataúd para los días, que el sol lo mataba, bueno ya estaba muerto, pero el Sol lo hacía polvo. Que jamás en la vida intentase comer nada y que sobre todo, se protegiera de los otros. Entonces desapareció como si de un espejismo se tratase. Y ya no la volvió a ver más. No preguntó su nombre, pero lo sabía: Eliaster. Qué extraño... y entonces, también vislumbró su nombre vampírico: Duremle. Vino a su mente con la estridente voz de la muchacha. ¿Ella lo había bautizado? No, bautismo entre vampiros no existía. Sólo era que ella misma se lo había presentado. Corrió y corrió en su busca, y entonces comprendió que era un animal, y era un animal solitario. Aquella noche durmió en el cementerio. Y las noches que siguieron se dedicó a hacer lo que la muchacha lo dijo, además de experimentar. Se sació con todo los platos de bufete libre que brindaba la ciudad: niños, niñas, ancianos, de distintas razas... y comprobó que cada sangre tenía su ápice especial. Alguna más ácida que otra, otra más caliente que otra. ¿Cómo era posible? Los humanos para él era como el cerdo o los vegetales para los humanos.

   Aquella noche, como todas las anteriores, recordaba aquellos primeros tiempos de su existencia vampírica. Ahora tocaba su cara en el espejo. Le daba asco y así le parecía hermosa, si alguna cosa le llegaba a parecer. Cogió su chaqueta negra aunque no le hiciese falta, más frío que él no era el tiempo, y se dispuso a ir de caza. Como cada noche y al salir de aquel lúgubre sótano... el animal fiero.

   ***

   - Te digo que existe y que lo he visto
   - ¿Estás loca Dana? No existen tales cosas. No existen los personajes de fantasía.
   - Yo lo he visto e iré a por él.
   - Si deseas darte un paseo sábado noche por el cementerio... adelante, pero no esperes que yo vaya contigo.
   - Esta bien, no me hace falta tu apoyo.
   - ¡Ah! Si quieres yo te compro los ajos y la estaca.
    - ¡Bah! ¡Tu que sabrás!

   Dana Duncan era universitaria y compartía habitación en una residencia con una amiga de la infancia. Una amiga del orfanato donde había crecido sin padres y donde sólo contó con el apoyo de una persona para sobrevivir. Era rara, Dana era rara. No sólo su aspecto de punk lo era, sino que además era tan reacia y tenía salidas tan raras que la gente la repelía. Quizá fuesen sus ojos feroces e inexpresivos, a veces. Desde pequeña, tubo obsesión por el vampirismo. Leyó todos los libros posibles a leer.

   Y creía firmemente en ellos. De hecho a veces rondaba los cementerios con una estaca en la mano buscando alguno. Jamás vio uno, hasta hace unas noches a las afueras del cementerio que estaba cerca del puerto. Nos buscaba ser Buffy la Caza vampiros, pero no sabía tampoco porque llevaba consigo una estaca. Tampoco de que le serviría un crucifijo de plata que llevaba en su mochila y la ristra de ajos, que empezaba ya a apestar, también en su mochila. Pero si ella no creía que eso hiciera efecto. Bueno, en realidad lo que sí sabía era que deseaba la muerte e iba a buscarla. Y deseaba la muerte de manos de la bestia más feroz, una bestia, que cometiera un asesinato tan atroz, que Dios ( si existía uno) le perdonara el infierno y la llevase al paraíso con sus padres ( porque si existía uno allí debían estar) Al fin y al cabo, que mal habían hecho sus padres si no tuvieron oportunidad de criar o malcriar a su hija. Ellos murieron en un accidente de tráfico cuando Dana tenía seis meses.

   Hasta el año su abuela paterna, la única familia entonces, la crió. Pero el día del primer cumpleaños de Dana ésta murió de un infarto. Las cosas de su abuela y sus padres pasaron junto al piso a Hacienda y ella, Dana, al orfelinato de la ciudad. Nada, ni un recuerdo le dejaron. No sabía el aspecto de ninguno de sus antepasados. Supuso que eran como ella antes de afiliarse a la moda punk y de trenzas de mil colores.

   Pero contemos como Dana encontró a su vampiro. Hacía dos noches que Dana había ido al cementerio con sus protecciones para buscar la muerte. En fin, siete años hacía este ritual. Desde que tuviese trece. Pero jamás la encontró. Encontró abusos sexuales en dos ocasiones, cosa que no le detuvo, más bien le importó poco; encontró cuatro detenciones por parte del guardia del cementerio y varios ladrones que le habían quitado el dinero o la chaqueta. Pero que más daba, si iba a morir que importaba lo que pasase hasta encontrar su muerte. Y aquella noche, noche en la que decidió que era más fácil tirarse desde la azotea de un sexto piso, lo vio. Era lejos, y pensó que era un perro hambriento comiendo a un mendigo muerto hace poco. Se acercó más y se escondió detrás de unos matorrales. Era un vampiro. Succionaba la vida a su víctima salvajemente. Cuando acabó, irguió su cuerpo hacía la Luna como hacen los lobos y gritó, pero gritó sin sonido. La sangre chorreaba por su boca.

   La víctima debió ser una mujer, por su complexión. Pero la cara y cuello estaban destrozados. Dana quiso salir y decir al vampiro, ahora yo por favor. Pero se quedo paralizada viendo al ser. Le pareció extremadamente hermoso y atractivo. Piel de color imposible, ojos de brillar imposible, complexión fuerte pero cara cadavérica y pelo castaño desgreñado al viento. Además un completo salvaje. ¡Un vampiro! ¡Un vampiro! Al fin, la espera valió la pena. Sin embargo no salió y por esa razón esta noche estaba de nuevo en el mismo lugar.

   Pero al llegar, no vio al vampiro, sino que lo que vio fue un cordón policial alrededor de un mendigo muerto y desmembrado.

   Ya había atacado aquí. Pensó y pensó que debía hacer. Bien, era temprano, por lo tanto no debía ser su última víctima. ¿Del cementerio dónde hay policía a donde irías para matar sigilosamente? ¡El puerto! Giró en sus pasos y tras bordear el cementerio, marchó camino al puerto.

   ***

   Ya había tomado su aperitivo, un mendigo no muy viejo. Delicioso. Ahora había policía, seguramente había repetido demasiadas veces el mismo lugar. Ahora estaba caminando ligeramente por el puerto. Ahí no tendría problemas. Los millones de barcos extranjeros y aquellos que hacían contrabando no avisarían a los oficiales. En su boca todavía quedaba restos de sangre suculenta, fresca y deliciosa sangre de vagabundo. Su preferida. Carne de olor mugriento y de alcohol y sangre ebria.

   Delicias del infierno vampírico. Se detuvo en seco, alguien le seguía. ¡ Qué estúpido el humano que fuese! Iba a su muerte.

   Debía ser un guardia que le preguntaría si estaba perdido. ¿A cuántos de esos había despachado? Qué inocentes eran. La persona que le seguía también se había detenido. Notaba su respirar, algo exagerado, puesto que esa persona estaba asustada. Sería la loca de los matorrales del día anterior. Vaya... demasiada curiosidad para no estar loca y perseguir a un asesino. Espera. ¿Qué olor era ese? ¡Ajos! La muy boba pensaba que ajos la protegerían. A no ser que hiciera que él Duremle comiera... los ajos le servirían de más bien poco. Se giró a ella. Lo que vio fue uno de esos humanos de estilo punk. Bien, hacía tiempo que no disfrutaba con uno de ellos. Los ojos de la muchacha eran espectaculares. Ambos se quedaron paralizados.

   Pero un vampiro no siente, así que fue algo momentáneo, ella por su parte estaba paralizada intentado pronunciar algún sonido parecido a la palabra. Duremle pensó que sus ojos parecían sobrenaturales como los de él. Su color era corriente pero tenían algo diferente y no sabía qué. Bueno, algo sin importancia. La muchacha al fin obtuvo el valor de hablarle a su verdugo:

   - Mi nombre es Dana - cogió aire y prosiguió.- Te he esperado siete años. Vengo a ti porque deseo una muerte atroz.

   Duremle no sabía lo que era la risa. Perdió su facultad de reír al ser un vampiro pero si aún la conservara ese sin duda hubiese sido un momento en que tal cosa hubiese aparecido. No esperaba esas palabras. La muchacha hizo otro acoplo de valor:

   - El otro día te vi. Quise salir pero no tuve valor. He venido a que me mates.

   ¿Hablaba como nunca había hecho con su víctima? ¿Regalaría esa voz monstruosa? Está víctima quizá lo mereciese. Muy bien, iba a hablar. Pero solo unos minutos.

   - Si quieres morir... - su voz le asombró hasta a él.- Si quieres morir, no has de pedirlo. Vas a morir de todas maneras a mis manos.
   - Bien... bien.
   - ¿Vienes a defenderte? - ahora resultaba que el oír su voz le gustaba.
   - Dímelo tú. Perdón. Vamos que no, que no vengo a defenderme. Eres un vampiro...
   - Sí y eso que tienes ahí no me hace daño, no eso no te serviría.
   - ¿Cuál es tu nombre?
   - ¿Por qué te lo tengo que decir?
   - Duremle. - dijo Dana en un susurro.
   - ¿Cómo lo sabes?
   - Tú me lo has dicho. - se desconcertó a sí misma.- bueno, creo, mi mente lo oyó. Eso es todo. No te lo puedo explicar. Soy rara. A veces oigo y sé ciertas cosas y... bueno eso.
   - No quieres morir.
   -¡Sí! ¡Sí! he venido a eso. Además, tú eres un animal que más te importa, no eres humano, que te importa mi sentimiento... Perdón... no sé...
   - Tienes razón. Tú me has dicho que no quieres morir.
   - ¿Cómo?
   - Yo también oigo cosas
   - ¡Ah! Te gusta jugar conmigo.
   - ¿Tú crees? - le enfurecía que esa loca a pesar del miedo, le hablase, tuviese valor suficiente.- ¡Pues vamos a jugar un rato!

   Duremle se lanzó sobre la chica bestialmente. Dana ni siquiera gritó, lo deseaba. Sintió placer cuando estuvo eso tan pesado sobre sí. Ahora sólo tenía que cerrar los ojos y ya está. Sentía que arrancaban su sangre quebrando sus venas del cuello con salvajismo. Pero... al poco eso paró. Estaba muy débil, pero no muerta. Bien... la iba dejar sufriendo. Es igual que la encontrasen ahora, ya no había nada que hacer. Su muerte era irremediable. Abrió los ojos, y vio a su vampiro enfrente con una mueca en la boca y chorreando sangre.

   El vampiro se cortó la vena de su muñeca. Condenaba a otro a ser un animal. Quería la muerte esa chica, él no daba lo que quería. Jamás. En una parte de Dana, la loca chica, también quería la vida; pero tampoco se la iba a dar. No, ella era ya una loba. Le hizo beber. Esta se resistía... pero consiguió que como un bebe cogiera la sangre de sus venas. Sintió golpes dulces y bestiales, ¿así había sido aquella vez?

   ***

   Y ahora ya no era Dana. Duremle le vislumbró su nuevo nombre vampírico: Tiziana. Y le contó lo que su mentora, de la cuál no le dijo nada, le había dicho a él aquella noche en el cementerio. Tiziana la vampira. Esa era ella. Dana había muerto. Tocó su cara. Hielo... un glaciar de hielo. Su boca... dura y que dolor había sentido al romperse los caninos para obtener lo nuevos con los que matar. Pero Dana no pidió ser Tiziana, y sin embargo... ahora era vampira. En fin, eso lo comprendía. Ella era ahora como su mentor un animal. Los animales no sienten, no dan lo que les piden. Los vampiros son salvajes que caminan por la sabana de la humanidad. La oscura sabana humana, puesta en bandeja para ella, Tiziana. Quiso sonreír pero no podía darle mucha expresividad a su rostro. Su rostro era tan liso y marcado, y de piel tan tirante y poco elástica... Se tenía que acostumbrar. Miró a su mentor.

   - ¿Qué color tienen mis ojos ahora?

   Sin responder Duremle contestó:

   - Amarillos, como los míos...

   Duremle estaba dispuesto a continuar su camino, tenía víctimas aún que comer. Estaba hambriento. Pero un brazo tan fuerte y frío como el suyo le detuvo.

   - ¿Adónde vas?
   - A cazar, pero no vendrás conmigo. Hoy cazo aquí y mañana estaré fuera de esta ciudad. Este es tu terreno. Recuerda lo que te he dicho, protégelo o márchate cuando otro venga.
   - ¡¡¡¿Por qué me dejas?!!!! Vivamos juntos.
   - No puedo reír, pero tu harías gracia. Ya no vives, ¿no ves qué eres? Ahora come y come cada noche y ya está.
   - ¡No!
   - Los vampiros no son como las novelas que has leído Tiziana, no se dedican a ir juntos de la mano por la eternidad. No siente ni aman a nada, ni a los humanos. Son animales y yo te he dicho ya demasiado.

   Se enfureció. La soltó y la miró por última vez a los ojos. Atraían. Lo había hecho muy bien. Le sería fácil cazar a Tiziana.

   Antes de marcharse dijo:

   - Yo soy el vampiro solitario. Todos los somos. Recuérdalo o no sabrás demasiado lo que es ser un diablo.

   Acto seguido marchó solo y silenciosamente camino del muelle. Otro perfecto lugar de caza. Comenzó a caer llovizna. Debía darse prisa antes de que amaneciese o de que los pescadores por la lluvia que comenzaba a caer abandonasen el muelle. No miró atrás pero supo que su hija, diabólica hija le había hecho caso y ya se había marchado. De nuevo sólo. Por un momento tuvo compañía. Quizá solamente una vez en su eternidad. Quizá haría más. Había descubierto algo nuevo. ¡Vaya! Un viejo mendigo buscando entre las basuras del muelle... su plato favorito. Mmmm... Duremle se relamió y, por primera vez consiguió que la mueca de su cara se torciese demasiado y pareciese un poco lo que es una sonrisa. " Mmmmm.. ¿Qué humanos serán los favoritos de Tiziana? " - pensó y se lanzó como un animal sobre su víctima.

 

Jennifer CM tiene quince años y vive en St. Adrián, cerca de Barcelona. Es una lectora voraz del género de terror y misterio, y también del género detectivesco. Vamos, que se la puede llamar tanto como Lestatmaníaca o Sherlockmaníaca. Es conocida también como Mary Beth.

@ 2002 Jennifer CM
Prohibida la reproducción sin permiso expreso de la autora

 

2003-07-01 15:41   Nasi2
Es un buen relato que, aunque se lee con avidez, peca de ser bastante simple y poco original. Aún así, es una gran historia que te sumerge por completo en su trama y te arrastra hacia los abismos del vampirismo.

Felicidades
2003-02-26 04:55   .InoRGaNiC -|- AngEL.
Esta genial tu relato, definitivamente me ha fascinado, espero que escribas una segunda parte
2003-02-19 17:03   Escaflowne
Te felicito, me parece que sabes mantener la atención del lector. También creo que describes y recreas bien el ambiente.
La historia en sí es realmente horrible, es decir, un personaje con tendencias suicidas (y depresivas) que se encuentra con un ser (muerto, por cierto) que es incapaz de tener sentimientos, cosa que, como humano, no puedo concebir más que desesperante.
Narras muy bien.
¿Continuarás, como alguien te anima, con una segunda parte? Yo te aconsejo que no dejes que estos personajes se encuentren otra vez hasta que hayas escrito más de cada uno por separado.
Me ha gustado mucho.
2003-02-09 20:41   oops
Me gusta tu forma de relatar, es una buena historia,
aunque me ha parecido poco interesante...bastante común. Pero bueno... yo no soy catedrática de la lengua no tengo suficiente conocimiento para opinar sin parecer pedante. No obstante si pones en una balanza las buenas criticas y las malas, por lo que he leido, seguro que pesan mas las buenas, y con eso es suficiente.
2003-01-29 20:53   Flor Tun
Me gusto, me hubiera gustado saber mas de Dana
2003-01-08 03:23   crisna
hola: muy bueno, se nota que te gusta Annie Rice, es muy similar a los textos de ella, pero muy bueno, felicidades.
2002-12-13 21:41   antik
Es interesante y me gustó pero pienso que el personaje de Dana quizás este un poco flojo.Pero en general bastante bien
2002-11-12 16:45   ilfirindan
Me ha pareciso fabuloso, y aunque al principio parecía un largo texto, lo he leído sin pausa. Realmente se hace corto y cuando acaba esperas más. Felicidades Mary Beth, es un relato muy bueno.
2002-11-03 20:25   Raistlin_el_negro
Un texto realmente bueno, aunque está senzillamente escrito, y és muy largo su lectura no me ha sido muy pesada, te felicito mary beth!!!
2002-11-02 14:38   lestat
pero fue una buena y entretenida lectura
2002-11-02 14:37   lestat
no me agrado el final
2002-10-21 16:44   Erlelyamo
La verdad es que es una historia de vampiros diferente, ¡¡GENIAL!!
La cuestión es que ¿cómo un relato que se aleja de lo que normalmente conozco como vampírico, grandes grupos vampíricos como hermandades, puede haberme enganchado tanto?
Interesante y muy imaginativo la relación entre lo que uno cree poder conseguir y lo que al final consigue!!!
Enhorabuena, sigue escribiendo
2002-10-20 15:01   Mary Beth
Muchas Gracias a todos por vuestros comentarios.
Lo que comentáis de las faltas, uy! siempre peco de eso, aunque creo que este tiene menos faltas q el anterior. Poco a poco, espero, ir mejorando lo de los fallitos lingüísticos, mi corrector no es muy bueno.
2002-10-17 20:04   Heretica
Hay que ver lo bien que escribes Mary Beth... a mi también me ha gustado mucho tu relato.
¿Alguna pega? Esos pequeños retoquecillos que menciona Trinity, pero la historia está muy bien.

Pd: No puedo decir nada que no te hayan dicho ya ;)
2002-10-17 13:53   acorfus
Esta guay, interesante enfrentamiento entre dos seres muy radicales. Podrias hacer una 2a parte en que, tras un tiempo, ambos se reencuentran... creo que daria mucho juego ;P
2002-10-17 12:18   Trinity
Genial! Me ha encantado el relato. Me ha enganchado totalmente. Esta escrito de una forma sencilla pero que engancha. A pesar de la extension del relato, lo he devorado como si nada. Se me ha pasado el tiempo volando.
Y La ingenuidad de Dana frente a la fatalidad y brutalidad de Duremle.. me ha gustado mucho.
Me ha encantado la frase que dice :" Ya no sabía casi nada, excepto su condición de animal monstruoso. No disfrutaba del regalo de vivir toda las noches de la humanidad. No se lo merecía, ya no era un humano."

Aun asi, habria que hacerle un par de retoques lingüisticos (los acentos, un par de palabras confundidas, poca cosa).
2002-10-14 19:40   Mary Beth
MUCHAS GRACIAS!!
2002-10-14 17:24   Lugaid Vandroiy
Creo sinceramente que es un buen relato, aunque al principio me costó un poco entrar en la historia, la aparición de Dana consigue que te enganches de lleno en la trama del relato y se acaba haciendo corto. ¡Muy bueno!
2002-10-14 15:08   Silvana
Me encanta la mezcla de "romanticismo" e ingenuidad de Dana con la falta de sentimiento de Duremle, frío y salvaje. Un capitulo corto pero muy atrayente.

Sigue así Mary Beth, aunque te suene raro, te prefiero así, que como poeta ;P
2002-10-14 08:11   Lacroix
El relato es bueno pero siento que le falta profundizar un poco la historia pero en lo que a mi me conciern esta bien el relato
2002-10-13 22:40   ruby_platino
me ha gustado bastante, aunque había ciertos pasajes que necesitaban retocarlos. pero en general muy bonito.
2002-10-13 05:01   Comfortably Numb
Esta bien, tu relato esta bien, es interesante, pero creo que falta un poco de seriedad al nombrar series de tv que no son mas que entretenimiento, que no llegan a interesarte como lo hace tu relato.
Pero bueno ya esta escrito.
Ojala hubiera sido Dana, pero mas excentrica.
2002-10-12 20:42   AmodelosMythos
Es un relato interesante. Me gusta el aire de narración poético que tiene, como no podía ser de otra manera, que se mezcla en ocasiones con un tono muy sencillo y "costumbrista" que aprecio sobre todo en los dialogos (y en especial de Dana). El relato, no obstante, empiza a ganar con la aparición de Dana y con su obsesión vampirica y hecho en falta un poco más de referencias al vampiro del que uno desea conocer un poco más. Pero ante todo es un relato atractivo, que se daja leer muy fácilmente y que se acaba cuando menos lo esperas y del que que querrías seguir sabiendo. Y los toques de genialidad y soberbia le aportan una dimensión más al relato coomo cuando Dana le pregunta a Duremle por su nuevo color de ojos o modo de exprsión, en general, de Dana, tan normal, quotidiano y creible que se contrapone a lo sombrío del relato. ¡Poesía, imaginación, soberbia y Mary Beth!. ¿Para que decir más?
2002-10-12 19:03   Jiriki
Está bien. La única pega es que a veces hay unos acentos de más o de moenos, que cambian el sentido de la palabra (que, qué, mas, más, solo, sólo).
Se me ha hecho muy corto aunque sea bastante largo.