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Las películas, por Iñaki Bahón

Introducción
La invasión de los ladrones de cuerpos (1955)
La invasión de los ultracuerpos (1977)
Secuestradores de cuerpos (1993)
Conclusión

La invasión de los ladrones de cuerpos

(Invasion of the body snatchers -1955)

Dirección: Don Siegel
Producción: Walter Wanger
Guión: Daniel Maiwaring
Fotografía: Ellsworth Fredericks
Música: Carmen Dragon
Montaje: Robert S. Eisen
Duración: 80 min.

Intérpretes:
Kevin McCarthy (Dr. Miles Bennell).
Dana Wynter (Becky Driscoll).
Larry Gates (Dr. Danny Kauffman)
King Donovan (Jack Belicec)
Carolyn Jones (Theodora Belicec)
Jean Willes (Sally)
Sam Peckinpah (Charlie Buckholtz)

http://us.imdb.com/Title?0049366

   
   Argumento

   Un psiquiatra es requerido una noche por la policía para que atienda a un tipo aparentemente desequilibrado y muy exaltado a quien han detenido. El individuo, el Dr. Miles Bennell, cuenta a su colega un increíble relato al que asistimos por medio de un flash-back.

   La semana anterior, explica Bennell, se encontraba asistiendo a un congreso de medicina cuando una llamada urgente de su enfermera Sally le obligó a regresar a su pueblo, Santa Mira: al parecer varios vecinos se habían puesto enfermos de repente y sufrían una extraña dolencia que no sabían explicar.

   Cuando llegó a su consulta (tras haber estado a punto de atropellar a Jimmy, un joven del lugar que huía de su madre porque, según ella, no quería ir al colegio) Miles descubrió que, sorprendentemente, casi todos los pacientes que días atrás habían solicitado sus servicios habían anulado ahora sus citas. Quien sí pasó por su consulta fue Becky Driscoll, una antigua novia del doctor que había regresado al pueblo tras un divorcio y 5 años el Londres. La joven explicó a Miles que su prima Wilma insistía en que su padre (el tío de Becky) no era en realidad su padre, sino un impostor idéntico al auténtico.

   Tras reconocer a Jimmy, a quien su abuela llevó a su consulta porque el niño insistía en que su madre no era su madre, el Dr. Bennell visitó al tío de Becky, Ira. Aunque aparentemente era el mismo de siempre Wilma se mantuvo en su postura. La apariencia y los recuerdos de su padre eran los mismos de siempre, pero sus emociones parecían haber desaparecido. Miles comentó entonces el caso con el Dr. Kauffmann, un psiquiatra amigo suyo, quien le sorprendió al revelarle que durante su ausencia la extraña neurosis se había convertido en una especie de epidemia en el pueblo: esa obsesión que hacía dudar de la identidad de familiares y amigos afectaba ya a muchos vecinos.

   Esa misma noche, mientras se disponía a cenar con Becky, Miles recibió una llamada urgente de su amigo Jack. Una vez en su casa éste le mostró algo que, a pesar de parecer un cuerpo humano, no era exactamente un cadáver: carecía de señales que pudieran justificar su muerte; sus rasgos estaban difuminados; carecía de huellas dactilares; y, lo que resultaba aún más inquietante, su estructura física coincidía con la de Jack.

   Los dos amigos, junto con Becky y Teddy, la mujer de Jack, decidieron no llamar a la policía por el momento, y mantenerse a la espera de que se produjera algún cambio en el extraño cuerpo. El doctor llevó entonces a Becky a casa, donde ambos se sorprendieron al encontrar levantado a esas horas al Sr. Driscoll, quien en aquel momento subía del sótano.

   Horas después Jack y Teddy llegaron aterrados a casa de Miles. Le explicaron que cuando se durmieron el "cadáver" había abierto los ojos, apareciendo poco después en su mano una herida idéntica a la que Jack se había hecho poco antes: todo indicaba que el cuerpo que yacía tendido en su casa estaba adoptando la apariencia de su anfitrión.

   Miles telefoneó entonces a Kauffmann para que acudiera a su casa, y mientras esperaba la llegada de su colega fue a casa de Becky a comprobar que se encontraba bien. Una vez allí, obedeciendo a algún extraño presentimiento, decidió no llamar a la puerta y entrar por la ventana del sótano, donde descubrió otro cuerpo, esta vez idéntico al de Becky. Inmediatamente sacó a la mujer de la casa y la llevó a la suya.

   Poco después los cuatro amigos, a quienes ya se les había unido el Dr. Kauffmann, descubrieron que tanto el doble de Jack como el de Becky habían desaparecido. El psiquiatra mostró su escepticismo acerca del relato, y dio a todo el asunto una explicación racional. Además, la policía les informó de que un cadáver que se correspondía con la descripción del de la casa de Jack había aparecido en un granero incendiado. Aunque en absoluto convencidos por tales argumentos, los cuatro amigos decidieron concederse un descanso, marchándose todos a dormir a casa de Miles.

   La noche siguiente, mientras preparaban una barbacoa, un desconcertado Miles explicó a sus tres amigos cómo Wilma le había asegurado por la mañana que había superado su obsesión respecto a su padre, mientras que Jimmy aparentaba encontrarse perfectamente feliz junto a su madre. El carácter aparentemente tranquilizador de estas noticias pronto se puso en cuestión ante un descubrimiento horrible: en un invernadero a pocos metros de ellos se estaban formando unos cuerpos idénticos a los suyos a partir de unas enormes y extrañas vainas. Miles y los demás comprendieron entonces que tales duplicados sustituían a las personas originales aprovechando el momento en el que éstas se dormían.

   Tras destruir las réplicas (sigue narrando Miles en la comisaría), trataron de conectar con el FBI, pero las extrañas criaturas ya se habían hecho con el control de las líneas telefónicas, por lo que decidieron que Jack y Teddy fueran a buscar ayuda al pueblo vecino, mientras que Miles y Becky se dirigirían a refugiarse a casa de Sally.

   Comprendiendo que no podían fiarse de nadie (sobre todo tras destruir dos nuevas vainas colocadas en el maletero de su coche por el empleado de una gasolinera), se acercaron sigilosamente a la casa de la enfermera. A través de la ventana pudieron observar a un grupo de vecinos allí reunidos alrededor de una vaina que se disponían a colocar en la habitación de la hija de Sally, con el consentimiento de la propia madre.

   Becky y Miles fueron entonces descubiertos y todo el pueblo, que al parecer ya había sido sustituido por los terroríficos e inhumanos duplicados, se lanzó en su persecución. La pareja se refugió entonces en la consulta del Dr. Bennell, donde tomaron unas píldoras para evitar ser vencidos por el sueño mientras esperaban a que Jack regresara con ayuda. Pero el tiempo pasaba y la caballería no acababa de llegar, y desde la ventana observaron cómo cientos de vainas eran repartidas entre los habitantes de pueblos vecinos: la invasión trataba de extenderse.

   Finalmente horas después apareció Jack. Pero la alegría de Miles y Becky se desmoronó cuando descubrieron que su amigo había sido "sustituido", y que le acompañaban Kauffmann y otros vecinos, todos ellos dobles deshumanizados, quienes llevaban sendas vainas destinadas para el Dr. Bennell y su amiga. Kauffmann trató de hacer ver a su colega el interés científico del asunto, explicándole que las vainas eran el fruto de unas semillas extraterrestres que vagaban por el espacio y echó raíces en un campo cercano. El psiquiatra aseguró que el proceso no era doloroso, y que en cuanto sus cuerpos fueran sustituidos ya no experimentarían molestos sentimientos como la ambición, la fe, o el amor.

   Pero la pareja seguía negándose a transformarse en seres sin alma, consiguiendo huir tras inyectar unos somníferos a sus captores. Su objetivo era llegar a la autopista y tratar de detener algún vehículo que pudiera sacarles de allí. Comprendieron que su única oportunidad de escapar consistía en aparentar frialdad, ausencia de emociones, como si el cambio ya se hubiera producido, con el fin de no despertar sospechas entre sus vecinos. Pero una vez en la calle Becky no pudo contener un grito al ver que un perro estaba a punto de ser atropellado. Esto les delató, y la multitud se lanzó de nuevo en su persecución.

   Agotados por tensión y la falta de sueño la pareja huyó entonces hacia las montañas, escondiéndose en una mina abandonada donde pudieron despistar a sus perseguidores. Allí pasaron varias horas, y antes de decidirse a abandonar su refugio Miles salió a explorar los alrededores tras dejar a Becky oculta y a salvo. El doctor descubrió entonces que en una granja cercana se estaban produciendo miles de vainas, las cuales se cargaban en camiones, listas para su exportación. Cuando Bennell volvió junto a su compañera presenció horrorizado como la mujer, vencida por el cansancio, no pudo evitar dormirse durante unos instantes: el ser que instantes después abrió los ojos, unos ojos fríos e inhumanos. Ya no era Becky. El cambio se había producido.

   Desesperado, y perseguido también por su antigua novia, Miles consiguió llegar a la autopista. Pero sus intentos de detener algún vehículo no tuvieron éxito, por lo que se subió al remolque de un camión que se dirigía a Los Ángeles. Un camión que transportaba una terrible carga: cientos de vainas extraterrestres.

   El flash-back termina con un Dr. Bennell a punto de enloquecer, convencido de que la invasión alienígena se extiende por la ciudad. El psiquiatra de la policía, en cambio, no cree ni una palabra del relato, y cuando se dispone a prescribir el tratamiento que cree necesitar Miles, ingresan en urgencias a un hombre que ha sido atropellado por un vehículo procedente de Santa Mira. Los enfermeros comentan que han tenido que sacar al herido de debajo de unas extrañas vainas.

   Ahora la policía no tiene más remedio que tomar en serio el testimonio del Dr. Bennell, por lo que inmediatamente se dan las órdenes pertinentes para detener la invasión.

   La fidelidad a la novela

   Sin ninguna duda, esta primera adaptación de la obra de Finney es la más fiel de las tres rodadas hasta el momento. Además del argumento, el cual se sigue punto por punto, tanto personajes, momento histórico, y escenarios, son idénticos a los que aparecen en el libro. Sólo algunos detalles diferencian ambas obras. Detalles pequeños, la mayoría de ellos, pero significativos en otros casos.

   En la película la acción parece condensarse respecto al libro, dando la impresión de que todo transcurre en un periodo de tiempo más corto, y eliminando algunos detalles que frenan el avance de la trama.

   Así desaparece en la película el Dr. Budlong, primero en tratar de dar una explicación del origen de las vainas en una escena estática que ralentiza el ritmo. También se reducen los apuntes románticos en los cuales Miles se interroga acerca de sus sentimientos sobre Becky y sobre la conveniencia de éstos. No se muestra tampoco la escena en la que Bennell contacta con un amigo que tiene en el Pentágono para informarle de lo que pasa y pedir ayuda. En el libro esta escena resulta bastante absurda: tras una larga conversación telefónica con el militar, ambos deciden que es mejor no informar a sus superiores, ya que seguramente no les creerían y no serviría de nada. Dado lo grave de la situación, lo lógico parecería intentar conseguir ayuda. En la película Bennell sí trata de conectar con agentes del gobierno fuera de Santa Mira, pero le resulta imposible porque las líneas telefónicas ya están controladas por los invasores.

   Así mismo se eliminó en la película el dato de que los invasores, dada su naturaleza alienígena, tan sólo viven 5 años, ni se muestra tampoco el engaño, un poco burdo, que Miles y Becky llevan a cabo: consiguen confundir a las vainas para que dupliquen a dos esqueletos en lugar de a ellos mismos (al no aparecer esta escena, en la película no se llega a saber con certeza qué sucede con los cuerpos originales después de ser duplicados, mientras que en el libro "vemos" cómo se convierten en polvo). Todos estos elementos eliminados respecto a la novela consiguen que la película gane en densidad, en concreción, consiguiendo gracias a ello un ritmo excelente.

   Además, la película añade escenas que no aparecen en el libro. Por ejemplo, ese perro a punto de ser atropellado que delata la humanidad de Becky. Pero, sobre todo, nos regala esa estremecedora escena del invernadero en que los cuatro amigos contemplan horrorizados cómo se están duplicando sus cuerpos. Esta escena, posiblemente la que más perdura en la memoria del espectador, curiosamente no aparece en el libro.

   No obstante es en el desenlace donde existen mayores diferencias, a pesar de que tanto el libro como la película acaban "bien" (por decirlo de alguna forma). En la novela, tras incendiar una plantación de vainas, Miles y Becky observan cómo las supervivientes se elevan hacia el cielo, huyendo de un planeta en el cual parecen haber encontrado demasiada resistencia. La situación resulta un poco absurda ya que, a pesar de haber acabado con una plantación, en ese momento la pareja está totalmente exhausta y acorralada. En la película también se da a entender que la invasión va a ser detenida, pero el final resulta mucho más inquietante, ya que Miles ha pedido a Becky (cosa que no pasa en el libro), y casi la cordura.

   Claro que mucho más terrorífico resultaba el final previsto en un guión previo, en el cual no existía la parte en la que el Dr. Bennell narraba su historia al psiquiatra. La historia acababa con el hombre gritando en la autopista, desesperado al no conseguir convencer a nadie de que la invasión se está extendiendo.

   En resumen, basándome en lo que he comentado, considero esta película superior al libro.

   Aunque la base argumental es mérito de Jack Finney, por supuesto, el estilo literario del libro me resulta en exceso simple y carente de personalidad. La película tiene el acierto de eliminar los elementos más flojos del original, y potenciar los más interesantes, superando en calidad a su referente literario. Personalmente estoy convencido de que si la obra de Finney despierta tanto interés casi 50 años después de su publicación se debe a lo bien que la ha tratado el cine. Algo parecido a lo que sucedió, por ejemplo, con Tiburón, una novela muy mediocre que no perduraría en el recuerdo de casi nadie si no hubiera dado lugar a esa obra maestra de Steven Spielberg.

   Segundas lecturas

   Cuando se lee o se escucha algún comentario sobre esta película (o sobre muchas de sus compañeras de "quinta" y de género), resulta sumamente frecuente, por no decir inevitable, encontrarse con que se realiza de ella una lectura simbólica. Se suele asegurar que su argumento no es otra cosa que una metáfora acerca de la paranoia que existía en los años cincuenta en Estados Unidos ante una posible invasión comunista.

   La guerra fría había creado tal estado de ánimo en la población que por todas partes se creía ver agentes del siniestro ejército rojo. Cualquier enemigo que el cine presentase en los años cincuenta, fuera humano o extraterrestre, natural o sobrenatural, posteriormente se identificaba con la amenaza soviética. Personalmente me irrita bastante este tipo de acercamiento a las películas.

   No niego que estas lecturas tengan su base. Tanto en la novela (en la que Bennell piensa que "estamos refinando tanto nuestras vidas que suprimimos todo rastro de humanidad en ellas") como en las películas, se habla de la progresiva deshumanización que sufre el ser humano causado por el progreso y el avance tecnológico de la sociedad, que nos llevan a sacrificar nuestra alma a cambio de la eficiencia.

   Posiblemente los risibles extraterrestres de Invasores de Marte, el pepino hiperdesarrollado de El enigma de otro mundo, o las propias vainas gigantes de La invasión de los ladrones de cuerpos (por escoger sólo algunos ejemplos de entre los muchos posibles), fueran, consciente o inconscientemente, inspirados por esa maravillosa cruzada emprendida por el inefable senador McCarthy, y por la paranoia generada por la guerra fría.

   Es muy posible, y supongo que muy interesante a efectos sociológicos o históricos. Pero desde mi punto de vista no es este elemento primordial a la hora de analizar todas estas películas. Considero un error que casi siempre que se analice el cine fantástico de los cincuenta (repleto de bodrios, pero también de numerosas obras sumamente interesantes), se recurra al tema de la metáfora política como elemento sustancial de las películas. Esto no beneficia en absoluto a los filmes analizados, ya que relega a un segundo plano sus valores auténticamente cinematográficos. Un error que me molesta notablemente, ya que afecta sobre todo a un género tan querido por mí como es el fantástico.

   El caso de La invasión de los ladrones de cuerpos es idóneo para discutir lo inadecuado que puede resultar este enfoque.

   Primero porque es una de las películas en las que más evidente resulta que ese miedo que relata (el de ser sustituido por un doble inhumano), puede identificarse con el miedo real que existía a esa invasión comunista (quienes se pensaba que también carecían de alma). Esto ha originado que el sambenito de "película que retrata la sociedad norteamericana durante la guerra fría" le haya acompañado durante todos estos años. Por otra parte, el hecho de que el guión fuera escrito por Daniel Mainwaring, seudónimo de Geoffrey Homes, un novelista norteamericano incluido en la lista negra durante la caza de brujas por sospecharse que simpatizaba con el comunismo, hace suponer que el film no trataba de advertir sobre la amenaza contra la que creía luchar McCarthy; tal vez sobre todo lo contrario.

   Y segundo, porque evidencia la perversión de esta línea crítica: el análisis simbólico se aplica en esta ocasión a una excelente película (sin duda de las mejores entre las realizadas durante aquel periodo), y desvía la atención de los auténticos y numerosos valores de la obra, más que suficientes para demostrar la calidad de la película sin tener que recurrir a segundas lecturas.

   La película

   Cuando vi por primera vez La Invasión de los ladrones de cuerpos tenía menos de diez años, y dejó en mi algunas huellas profundas. La primera en forma de quemadura. Me la produje a fuerza de frotarme la barbilla durante gran parte de la película. Estaba tan nervioso que ni siquiera me di cuenta de lo que estaba haciendo. Aquella quemadura se curó en unos días, pero el recuerdo de aquellas vainas pariendo sus inhumanos dobles jamás desapareció.

   La invasión de los ladrones de cuerpos es una de esas obras que hacen amar y respetar el cine fantástico. Una película que con una estética sobria, casi más propia del cine negro que de la ciencia-ficción, y con la ayuda de un competente reparto, desarrolla un sólido guión que avanza inexorablemente, sin pausa, conduciéndonos a través de la inquietante historia.

   Habrá quien piense que una película con ritmo debe ser algo así como La roca, o Batman y Robin, las cuales basan la supuesta fluidez de la narración en elementos puramente artificiales, como absurdos movimientos de cámara, frenéticos efectos de montaje, y, por supuesto, abundante pirotecnia. Pero el auténtico ritmo sólo puede lograrse en el plano intelectual, y reside en la capacidad del guión de proporcionar información interesante de una forma interesante, dosificando los datos de modo que la narración (y gracias a ello la mente del espectador) se mueva continuamente hacia delante. En este sentido el guión de Daniel Mainwaring (tremendamente eficaz, sobrio y conciso), se revela como una pequeña obra maestra.

   El interés del espectador se despierta a los pocos minutos de metraje, con la aparición de Jimmy (el niño que asegura que su madre no es su madre), y a partir de ese momento se van añadiendo, de forma incesante, nuevas piezas a la historia, las cuales van creando una poderosa sensación de desasosiego.

   La narración avanza sin detenerse, implacable, hasta el extremo de que resulta imposible eliminar cualquier escena de la película sin que ésta se resienta. A esta severa concisión se le añade, además, una envidiable tenacidad en lo referente a no soltar el hilo central de la historia. Insisto aquí en lo inteligente que me parece haber eliminado algunos elementos del libro. Un guión específico, sutil, conciso, sin elementos superfluos, y que no divaga, como éste, es sin duda una joya difícil de encontrar. Una joya con auténtico sentido del ritmo, sumamente eficaz a la hora de crear una gran tensión, incrementada ésta por el hecho de que la narración transcurre a lo largo de un corto periodo de tiempo (unos pocos días).

   Resulta evidente la predilección que siento por esta película. Aún así, no me queda más remedio que resaltar lo que resulta, a mi entender, un notable fallo de guión, el cual me sorprende no haber encontrado señalado en ningún sitio: cuando los humanos son sustituidos por sus duplicados extraterrestres se supone que éstos cobran vida mientras que los originales son destruidos (o se autodestruyen) de alguna forma. Entonces... ¿qué pasa con Becky?

   Ella se duerme y se transforma en presencia de Miles, sin que haya sustitución de cuerpos. La auténtica Srta. Driscoll cierra los ojos, y cuando despierta es su mismo cuerpo el que alberga a ese ser deshumanizado en que se había resistido con todas sus fuerzas a convertirse. El mostrar cómo una mujer enamorada cierra los mismos ojos que instantes después vuelve a abrir una criatura no humana produce un efecto dramático realmente poderoso, tan poderoso que posiblemente resultó irresistible para los responsables de la película. Pero lo cierto es que la escena traiciona la lógica de la narración. Se puede argumentar que el cambio se produce mientras Miles está ausente. Sin embargo eso implicaría que cuando éste regresa ella finge seguir siendo la Becky original, lo cual chocaría con el comportamiento visto hasta ese momento en los duplicados. Por otra parte ¿no es raro que hubiera una vaina en aquella cueva?

   Pero este desliz, aunque notable, no afecta en absoluto a la calidad de una película que cuenta con escenas tan magníficas como la ya citada del invernadero. O como aquella en la que un enloquecido Miles trata de detener algún vehículo en la autopista, y comprueba horrorizado que las vainas invasoras ya están siendo enviadas a Los Ángeles y San Francisco.

   Esta conmoción debió haber sido compartido por el público de haberse mantenido el final originalmente previsto para la película, aquél que mostraba a Kevin McCarthy gritando a los conductores (a los espectadores, en realidad) "¡Todos ustedes están en peligro! ¡Ya están aquí! ¡Usted será el primero! ¡Y usted el siguiente!". Pero en aquella época el final feliz era un poco menos que obligatorio (taquilla manda), por lo que se decretó esa construcción en flash-back que desemboca en un forzado final feliz, el cual, para mí, empaña un poco el brillo de esta obra maestra del cine fantástico.

   Afortunadamente queda el consuelo de que, veintidós años después, los pequeños "defectos" de la película serían reparado de alguna manera gracias a un excelente remake de la película: La invasión de los Ultracuerpos.

   ^arriba

   @ 2002 Iñaki Bahón
Prohibida su repoducción sin permiso expreso del autor

Introducción -
Crítica del libro I -
Crítica del libro II -
Las películas -


    

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2004-02-09 12:20   artemis2


Mi version favorita es la original, la cual tambien considero superior a la novela (que encontre en ingles hara unos años). Pero no estoy de acuerdo en cuanto a lo del "final feliz", mas bien me recuerda a cierto capitulo de expediente X en que aparecian unas "polillas verdes". Al final de este episodio dicen que van a detenerlas con pesticidas e incendios controlados, y el agente Mulder pregunta: "¿Y si eso no funciona? Y aqui finaliza el episodio, es decir, no lo veo como un final feliz, ni como un final "derrota", sino mas bien como una incertidumbre opresiva que no hace sino remarcar el tono de pelicula. Asi mismo, si bien me parece algo forzado lo de la vaina en la mina (aunque siempre me ha gustado pensar que ese fue un buen sitio para las primeras vainas), si que me gusta el hecho de que los ladrones de cuerpos sean eso, ladrones, y no simples imitadores, da un grado mas al terror que produce al saber que las personas que ves no son duplicados, sino que han sido "poseidos" por 'algo'.

Por ultimo quiero nombrar como pelicula con relacion con esta Faculty, que a pesar de ser una mala pelicula (como la mayoria de lo que nos ofrece el cine de Hollywood hoy en dia), gano muchos puntos (en mi opinion) con esa comparacion con Ladrones de cuerpos e indicando que quizas la novela era una manera de explicar algo que paso, una advertencia por si volvia a pasar, un toque genial que si bien no llega a salvar a la pelicula si que la alza sobre la mediocridad
2003-05-30 16:15   Alex
A mi me gustó la primera, la de 1956. Las otras no las encuentro a su nivel.
2003-05-29 18:59   zazou2000
Creo que la segunda versión es, para mi, en varios aspectos superior a la primera. Ante todo por la su no "happy-end", que siempre es de agradecer ya que no todas las pelis deben acabar bien. Eso me atrajo sobremanera y el grito de Sutherland espeluznante. Incluso la llegada a la tierra, las gotitas que van cayendo en la cotidianedad de un dia cualquiera, las vainas y algunas escenas memorables (el perro-monstruo), la intervención de Siegel, magnífico como siempre Sutherland, Goldblum i Limoy :-) Un clásico.
2003-04-21 13:03   arlan
Las dos primeras versiones son para mí geniales, en las dos me quedo con el final, en la primera cuando descubre las vainas en el camión y se queda gritando en la carretera, y en la siguiente el grito desgarrador.
2003-02-19 20:48   irenale
Esta vez sí, de acuerdo en TODO, Iñaki.

Las dos primeras, geniales. La tercera, basura. (mas telegráfico, imposible)

Saludete.
2002-12-13 21:02   rüja_yuraj
Cuando leí el nombre del artículo, tuve el ligero presentimiento de que se trataba de una película que vi hace algunos años y que la han pasado varias veces en la televisión, obviamente me refiero a la que fue dirigida por Ferrara, pues la otras no las he visto. Debo decir que fue una de las películas mas predecibles que he visto, y tengo un gran sin sabor al respecto, pues nunca he entendido como se puede transmitir por televisión cosas de tan mala calidad. Sin embargo, lo rescatable de este asunto en lo que a mi respecta, sería que existe un libro el cuál parece que en su momento no salió a la luz, y que ahora uno puede tenerlo para saber de que trata realmente. Aunque según lo expuesto, por Iñaki, lo que si se me hace interesante en un determinado momento sería ver la primera película que se hizó.
2002-12-10 06:22   Knut
Si, la de Ferrara es una película muy mediocre, llena de soldaditos y tonterias. Un verdadero fiasco (siempre me pareció una pompita de jabón este director) y sí termina con un helicoptero y el típioco y tópico final abierto.

Yo me quedo con las dos primeras, y de la original, salvo el final que siempre me resultó un tanto tópico, me parece una de las grandes.

2002-12-09 19:24   whydah
Muy buen artículo Iñaki. Al igual que tú, la última revisión me parece que no la he visto, a no ser de algun pase televisivo que me pareció intrascendente en su momento ya que no recuerdo apenas nada. ¿Puede ser que se vayan al final en un helicóptero?
Y si la primera es muy estimable, la segunda es a su vez altamente recomendable, sobre todo por la interpretación de Sutherland con la guinda del grito final.
2002-12-09 00:11   Kveld-ulf
totalmente de acuerdo contigo iñaki, yo tambien la vi cuando era pequeño y tengo grabada en la retina la escena en que el protagonista descubre las vainas en el camion, la pelicula tiene una tension que crece a lo largo de toda la pelicula y que estalla en el desenlace, algo que parece simple pero es muy dificil de conseguir, una pelicula inquietante de verdad.